Crónica de un fatídico domingo de furia, violencia y muerte

Tamara y Nicolás habían terminado hace un tiempo su relación y el día del homicidio ambos jóvenes se reunieron para conversar sobre el bebé que venía en camino.

Fiscal Osvaldo Basso relató paso a paso lo acontecido aquel trágico día, según testimonio del joven homicida.

Sylvia Vergara G. – svergara@eltrabajo.cl

Traumatismo esquelético visceral es la causa de muerte de la joven Tamara Lepe Vargas, según lo estableció la autopsia que realizó este lunes el Servicio Médico Legal, lo que da cuenta de la feroz golpiza que recibió la víctima, sólo asimilable a la caída de una persona desde unos 10 metros de altura.

En la audiencia de formalización de cargos, el fiscal Osvaldo Basso relató cómo ocurrieron los hechos, haciendo un recorrido por las últimas horas de la joven, quien se encontraba sola en su domicilio.

Ese día domingo Nicolás concurrió a la vivienda que ocupaban Tamara y su padre, Juan Carlos Lepe. Esa mañana la joven se encontraba sola en su casa y al ver que Nicolás estaba en la reja buscándola, lo hizo entrar y se dirigieron hasta el dormitorio de la joven.

En ese lugar conversaron tranquilamente, sobre el embarazo de la muchacha y del término de la relación entre ambos, que se había concretado hace unos meses.

Sin embargo lo que comenzó como una tranquila conversación derivó en una discusión por temas de dinero que fue tomando a cada momento más intensidad, ya que la joven le había avisado que lo demandaría por pensión de alimentos.

De un momento a otro, los dos se trenzan a golpes. Nicolás la golpeó con sus puños y con sus pies, mientras que Tamara trataba de defenderse tanto ella como a su bebé, cubriendo su vientre y lanzando golpes con sus manos.

La violencia de la pelea fue aumentando y para tratar de calmar los ánimos, Nicolás decidió salir de la casa, alcanzó a llegar cerca de la reja cuando Tamara salió a buscarlo y según lo que declaró el imputado, Tamara le pega en la cara, momento en que el imputado la toma del cuello y la arrastra hasta el interior de la casa. Fue ahí cuando Nicolás descargó su furia contra la muchacha y comienza a golpearla en distintas partes de su cuerpo con sus puños y sus pies y a lanzarla contra la pared, lo que le produjo un sangramiento en la boca.

Estando de boca sobre el piso, Tamara seguía sangrando, lo que además le dificultaba respirar.

Nicolás se dio cuenta que tenía la ropa ensangrentada y se sacó los pantalones, ya que según declaró, siempre transita con dos pares de pantalones, y los introdujo en una mochila que portaba.

Miró a Tamara que todavía se encontraba en el piso y escucha que ella le dice: “vas a ir a la cárcel”. Nicolás abrió la puerta y se fue.

Eso fue lo último que vio Nicolás en esa casa. Rápidamente salió con destino a su domicilio, donde se encontró con su padre, apenas cruzaron palabras y de inmediato tomó una ducha y se cambió ropa.

Al salir del baño, Nicolás se encontró nuevamente con su padre y le pidió que conversaran, ya que tenía algo importante que contarle. Es en ese momento cuando le confiesa que había matado a su polola. Ante la sorpresa de la confesión, el papá le dice: “te echaste a perder la vida”.

Sin perder tiempo, Nicolás le pide que salgan a dar una vuelta en el auto para poder pensar en los hechos que habían sucedido, a lo que su padre accedió.

En el trayecto padre e hijo conversaron largo rato, ya que el progenitor al parecer quería entender lo que había sucedido y tratar de aconsejar al imputado, pero en un momento en que se encontraban en Catemu, Nicolás hizo parar el vehículo y lanzó una bolsa al río, la que se perdió en el agua.

Su padre quiso saber qué portaba la bolsa, pero Nicolás sólo le dijo que era ropa y no dejó que la viera.

En el camino de vuelta, su padre le aconsejó que se entregara a la policía, pero que primero pasarían por la casa de un tío que tenía más conocimientos legales y podía ayudarlo.

El tío también le aconsejó que se entregara a la policía, pero antes pasarían por la casa de Tamara, para saber en qué condiciones se encontraba.

Sin embargo cuando iban en camino a la casa de la joven, de cerca los seguía un vehículo de Carabineros. En ese momento el padre del joven decide bajarse y contarle todo lo sucedido a la policía, mientras que Nicolás y su tío siguieron en el vehículo con destino a la casa de la joven.

Cuando llegó el padre de Nicolás con los efectivos policiales, el imputado estaba sentado en la entrada de la casa. Con una llave que Tamara le había entregado para que la visitara, el joven abrió la puerta a personal de Carabineros que pudo descubrir a la joven tendida en el piso del pasillo, ya sin signos vitales, semidesnuda y con el rostro ensangrentado e hinchado debido a los golpes que recibió.

Esta era parte de la historia que todavía no se había podido conocer y que fue relatada por el fiscal Osvaldo Basso en la audiencia de este martes, la que contó con la presencia del imputado y los familiares de ambos jóvenes, quienes no ocultaron la pena con cada frase que el persecutor fue dando a conocer.

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