Jacinto Araya: «Traté de rescatarlo con mis propias manos, sentía sus gritos pero nada pude hacer, ya que también fui alcanzado por el planchón»

Don Jacinto Araya Salinas cuenta bastante emocionado el momento en que sucedió la tragedia que le costó la vida a su compañero, a quien con todo su esfuerzo sacó de entre los escombros, pero falleció camino al hospital.

PUTAENDO.- Un dramático testimonio lleno de emotividad, fuerza y compañerismo entregó a nuestro medio el minero Jacinto Araya Salinas, quien se encontraba al interior de la mina Barquitos en la ciudad de Copiapó, junto a su compañero Juan Lazo Pereira, cuando éste último fue aplastado por un planchón de rocas al interior de la mina.

Este esforzado minero y además vecino del sector de Guzmanes, se encontraba hace más de un año trabajando en el norte del país junto a su compañero, al cual llamaba «Juanito», y además junto a otro minero de Putaendo, agregando que la mañana del trágico sábado recién pasado, estuvieron muy temprano realizando labores de acuñamiento al interior de la mina, para pasado el mediodía almorzar juntos como era una tradición y preparar su próximo viaje a su querido Guzmanes.

Jacinto Araya, visiblemente emocionado, dijo que a las 13:30 horas ingresaron nuevamente a la mina para continuar su labor, momento en el cual le pide a Juan Lazo que le pase el acuñador para justamente acuñar un sector de la mina, a lo que con una sonrisa Juan Lazo le indica que mejor él va a acuñar, y que le pase en sus manos el acuñador.

Es este el momento preciso, según el testimonio de Jacinto Araya, cuando se encuentra tomando el acuñador en sus manos, sintió un fuerte ruido y en segundos una bolsa de aire lo arrojó a varios metros, golpeándose fuertemente la cabeza y quedando semiinconsciente, donde solo los gritos de su compañero lo hicieron reaccionar. «Quedé como aturdido, mi casco salió de mi cabeza y quedamos totalmente a oscuras con un tierral impresionante, Juanito me gritaba por favor que lo sacara, no podía abrir mis ojos, pero como pude llegué donde estaba mi compañero, empecé con mis manos a sacar piedras y material, y me seguían cayendo restos del planchón en mi espalda y en la cabeza. Yo le decía: ‘Juanito, te voy a sacar, aguanta’, y en un momento tuve que salir corriendo de la mina para pedir ayuda y porque ya no podía respirar. Ingresamos con otros dos compañeros y empezamos a remover todo el material con nuestras manos, mientras mi compañero Juanito se quejaba con unos gritos desgarradores, lo sacamos vivo, lo subimos a la camioneta y lamentablemente se nos murió en el camino», palabras de Jacinto Araya Salinas.

Este hombre asegura que pudo haber sido él quien hubiera muerto por causa del planchón, pero que nunca olvidará la sonrisa de su compañero que ocupó el lugar que a él le correspondía para acuñar la mina, y que no dudó un segundo en tratar de rescatar a su compañero, a pesar del riesgo que corrió, señalando finalmente que hoy después de quince años de trabajar en minas, donde en muchos años tuvo la oportunidad de trabajar con su compañero Juan Lazo, está pensando seriamente en nunca más ingresar a una mina después de la traumática experiencia vivida en el norte del país.

Juan Marcelo Tapia Duhó, hijo del dueño de la mina Barquito que también viajó desde Copiapó junto a los restos del minero fallecido, dijo que su padre está destrozado por la tragedia minera, pues Juan Lazo era más que un trabajador, y era considerado junto a Don Jacinto como amigos de la familia, por lo que aún no logran entender tan lamentable accidente, agregando que la mina Barquito se encontraba trabajando en forma reglamentaria, con algunas observaciones de Sernageomin, y con todas las medidas de seguridad, en un accidente que calificó como fortuito e impredecible, por lo que dijo que esta tragedia no tan solo ha golpeado a la familia de Juan Lazo y a la comunidad de Putaendo, sino que mantiene destrozada también a su familia por la pérdida de su trabajador, considerado más que un trabajador como un amigo.

Patricio Gallardo M.

error: ¡Este contenido está protegido!